30/1/18

Dios es amor

Me había acostumbrado tanto a escribir del desamor que cuando por fin el amor colmó mi vida, no supe qué escribir. Siempre pensé que me gustaba escribir cuando estaba mal. Sin embargo, viviendo apasionadamente un presente que me tiene tan bien que me da miedo, el año nuevo me devolvió esas ganas de volver a escribir y sentir escribiendo. Las mismas que perdí cuando creí que escribirlo todo me quitaba vida, olvidando que muchas veces, poder escribir me hizo sentir viva cuando pensaba que ya me había muerto.

En uno de esos balances anuales con sabor a poco me di cuenta que casi sin querer, durante un intenso año de crecimiento, amor y mucha fe, escribí por ahí varias cosas mientras experimentaba quizá los mejores momentos de mi vida. El 2017 se me pasó volando, pero ésta vez, elegí volar también dejándome elevar con la certeza de que en realidad, siempre alguien me sostiene y es el mismo que nunca me dejó caer del todo.

Bendito Dios que colmó mi vida de esperanza para mostrarme que nunca es tarde para empezar de nuevo y que siempre hay tiempo para amar.

Gracias a Dios que me enseñó que amar no es poseer, amar es dar libertad. Así nos ama Dios y así quiere que nos amemos. Todo lo demás son desviaciones del amor.

No es fácil escribir sobre la inmensidad. Pero sé que todo es posible para el que cree. Por dónde empezar a compartir sobre todo lo que escribí y no publiqué sino es por lo más importante. Despacito, 2018 sin apuros. No tengo mucho más para decir sólo que al final, todo es el amor, y Dios, es absolutamente todo.

Escribiendo, leyendo y escribiendo otra vez. Viviendo, experimentando, sintiendo y amando. Sin dudas comprendí por sobre todas las cosas algo:
que el que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.

                                   

Juzgar menos

Crecí cuando me dolió alguien por primera vez,
cuando me fui de un lugar sin querer hacerlo.
Cuando sentí que amaba tan insanamente,
que llegué a creer que el amor era algo enfermo.
Cuando me amaron mucho pero muy mal,
cuando no me amaron nada, cuando amé..

Crecí cuando descubrí que existe gente mala,
que puede ser que en realidad sea gente con ausencia de bondad,
que en realidad creo que es gente que está muy mal,
pero que de verdad hay males de los que nunca se sale.

Crecí cuando comprendí que existe gente,
que habiendo ocupado tu vida,
y habiéndote tenido en su corazón,
un día se va para siempre.

Crecí cuando me vi mis defectos y no es que no los quise,
es que los quise cambiar.
Crecimiento continúo,
todos los días hay algo mio que quiero cambiar,
que intento cambiar,
y que me hace crecer.

Crecí cuando comencé a reducir y seleccionar todo. Todo.
Cuando aprendí a perdonar,
a callar y a decirme las cosas primero a mí,
para después intentar,
de la manera más adecuada, decírselas al otro.
Cuando pude aceptar que el otro a veces no escucha,
y otras veces no piensa igual,
simplemente porque es otro.

Crecí cuando por fin pude alejarme de la gente tóxica,
de los lugares oscuros,
de las cosas que me quitaban sin pedirme permiso la libertad.
De las personas que quería mucho pero me hacían mal,
y a las que quizá yo,
sin darme cuenta también dañaba.

Crecí cuando aprendí a rodearme sólo de la gente que me hace reír,
cuando comprendí que la vida es demasiado corta para no ser feliz,
cuando acepté que somos un instante,
y que cualquier domingo triste de invierno,
sin previo aviso, nos podemos ir.

Crecí cuando la muerte me sacudió las entrañas,
cuando la ausencia me obligó a convivir con el vacío.

Crecí cuando aprendí que yo misma soy motor de mi auto-estima,
entendiendo que cuando uno está en paz,
su entorno también,
su vida y todo.

Crecí raspándome las rodillas y haciéndolas sangrar,
llorando a escondidas y riendo sin parar.
Crecí cuando vi en el otro batallas desconocidas,
maduré tratando de perder el prejuicio,
juzgándome a mi misma,
mutando de mi.

Crecí cuando me amaron de verdad por primera vez,
cuando me mostraron que el amor sólo vale la pena cuando es sano.
Crecí tanto y mucho cuando supe amar sin poseer,
acompañar sin invadir, vivir sin depender..

Crecí más que nunca cuando por fin comprendí,
que hay que juzgar menos para poder amar más.