30/10/13

No he dejado de quererte

Me sacudo me levanto me acuerdo y me espanto.
Me busco me encuentro me caigo y te llamo.
Toco fondo, subo, bajo, derrapo y te vuelvo a buscar.
Ahí estas siempre. Intacto.
La distancia es más jodida que la puta venganza,
más justa que cualquier karma y más dolorosa que esa ola de esperanza que engaña.
Desmorona, ilusiona y me tira otra vez al mismo lugar.
Me río, bailo, lloro y no puedo más.
Estoy bien, estoy mal...me recupero y me vuelvo a enfermar.
Me desgarran los kilómetros que hay entre este aquí y allá,
me desintegra el espacio al que nunca quise llegar.
Que daría por transformar esta historia en algo más,
este día y esta noche, en algún que otro reproche,
que daría por volvernos a juntar.
Ya no sé cuántos ayeres se pasaron por acá,
ya no sé cuánto hace falta,
para poder cerrar este camino sin fin que nos lleva y nos trae siempre al mismo lugar.
Y desarma tus deseos de traerte sin soportar, de gritarme y hacerme gritar.
Que daría, por dejar aunque sea un solo día, de quererte...

28/10/13

Mi primera venganza, se llamaba perdón...

Cuando no me queda más que hacer ni en qué pensar, se me agotan las ideas por matar y las cosas que busco para no recordarte más (y seguro en algún otro momento que prefiero no contar) vuelvo a hacerme las mismas preguntas desde hace ya, tantas veces: ¿qué? ¿qué fue lo que paso? ¿qué lo que me dejó acá? ¿qué lo que te dejo allá? A veces creo que simplemente me gusta volver. Atravesar una y otra vez las mismas sensaciones. Como si necesitara volver a abrir los ojos y ver como fue siempre todo y por eso hoy está como está. Como si quisiera comprender lo incomprensible, justificar lo injustificable. Nunca encuentro una sola respuesta a ninguno de esos qué que me invaden y revuelcan al recuerdo profundo de volver. Mezclar, hacer doler y llorar...otra vez.
No tengo la certeza de qué es lo que me ataba o ata todavía a tanta utopía, qué te ponía de pronto en tantos males y alegrías; lo incierto, lo inconcluso, lo que no debía. Todo eso que no sentía y que me lastima pero me hace volver. Me destruí de a poco y me ayudaste a hacerlo; me devolviste entera pero te quedaste mi mejor parte; me convertí en todo lo que siempre había intentado no ser. No supe percibir lo que estaba sucediendo, simplemente una de esas veces en las que intente evadirte, me quise querer, y ya no me tenía. Me había perdido a mi misma y ya no era yo, sin mí, sin vos. No sé con cuáles de las respuestas me consuelo, con cuál de todos esos qué me quedo...solamente creo, que aunque no se explique, me enamoré de tu sonrisa cuando la causábamos juntos y de mis lágrimas cuando vos me las corrías para decirme "todo va a estar bien"; amé de ti esas cosas que todos odiaban. No estábamos destinados a ser, pero te amé a pesar de que de la misma forma que me hacías vivir,
me matabas...

14/10/13

Solo existen dos días en los que no se puede hacer nada: ayer y mañana. Por lo tanto, hoy es el día ideal para vivir

No sé que me trajo exactamente acá hoy, ni cuál es el fin o cuáles los medios.
Sólo sé que extrañaba sentirme como me siento,
y que extrañaba más poder escribirlo.
Escribir sin dolor.
Vuelvo a escribir con los pies en la tierra y la mirada en el cielo.
Ya no tengo el alma acalambrada y no sé cuánto puede durar, pero tampoco me importa
¿Quién sabe cuánto dura la felicidad?
¿Quién tiene la certeza de cuándo empieza y cuándo acaba?
Estar feliz es una adquisición y serlo una bendición. Hay que saber elegir.
Las decisiones que tomamos no siempre son las que queremos,
pero normalmente, son las indicadas.
Al final, el tiempo si cura aunque lo haga muy lento.
Irónicamente al tiempo hay que esperarlo.
Después de tanto ya estoy encariñada con la lentitud con que se pasa, porque ahora, no sólo siento que volvió la alegría a mi vida sino que yo misma me siento la alegría y pocas cosas mejores que ésta me pasaron. Aprendí a ser fuerte y a amar al mismo tiempo. Me enamoré así de la vida aunque doliera. Entendí que no nos pone más que ante situaciones que somos capaces de vivir y que nos enfrenta a personas, corazones y almas que vienen y van. Pero que también nos demuestra que sólo lo que se queda, es lo que vale la pena. Y la alegría, la euforia, el amor y hasta las tristezas. Porque yo fui triste mucho tiempo. Estuve en el suelo y me costó subir. Y cuando estaba llegando de nuevo a la cima, me volteó quien más me había ayudado a hacerlo. Pero ya tampoco me importa.
Ni cuánto perdí ni cuánto me queda. Es que los amigos que se van y no regresan, nunca estuvieron. Las personas envidiosas son las que no pueden aceptar la felicidad ajena. Y el dolor que nos invade con recuerdos no se puede evitar (o al menos yo no puedo). A la tristeza renegada que se quiere quedar, le hago lugar. A las personas que me robaron sonrisas en mis peores momentos, a las que están aunque no las vemos, a los fines de semana con amigos sinceros, a los abrazos que resisten la distancia, el tiempo y cualquier ingrato invento; a todas esas cosas que nos hacen sentir muy bien; (la música, los amigos, la familia, los libros); a mi gata que siempre es un buen motivo y que llena vacíos con mimos, a las cosas que me gusta hacer (escribir, leer, bailar y correr).
A todo lo que viene y va pero siempre vuelve, a todo eso que vuelve, le hago lugar.
Y porque hoy lo elijo y una amiga me lo dijo: vivo, siento, respiro, lo digo y lo escribo: persigo mis sueños, subo a una montaña, me pongo dos rueditas y me dejo llevar.
Es que todo vale a través del tiempo, porque todo lo que nos pasa tiene algún sentido. Incluso eso que nos hace ser tristes por tanto tiempo. Después de todo uno aprende a amar y quizá es de eso de lo que se trate la vida. Amo para vivir, para resistir, para seguir acá, para ser fuerte y para agradecer. Para agradecer a todo eso que sí me importa. Que me generó estar hoy así a pesar del dolor instalado. A todo lo que me enseño quizá sin querer, a apreciar lo que tengo en vez de lamentar lo que tuve. Comprender a merecer la vida, dándola.
Ser la suma de todo lo que he vivido y el cambio que quiero en el mundo.
Amo todo lo que conservo y conservo todo lo que amo.
Entendí que no importa qué nos ocurra, importa cómo lo afrontemos. También dormirnos con un sueño y levantarnos con un motivo; y las huellas que dejamos y las que nos dejan. Importan mucho los peores errores y más dolorosas caídas, porque quien no ha fracasado nunca, es que no ha intentado nada. Pero sobre todas las cosas,
a mi me importa la sonrisa idolatrada de mi mamá, que es lo único que me salva.

10/10/13

Te amo -decía y después mataba-

El día que quisiste besarme y me negué y la vez que digné mi voluntad por tu sonrisa.
La noche que por fin caí rendida y la tarde que me hiciste trizas...

La primera y única razón que me diste para que no me fuera y todas las que te faltaron para que me quedara. El día que cerré los ojos para no ver y el poder que tuviste de hacer sonar a verdad tantas mentiras. La noche que te hiciste esclavo de lo que decías y la tarde que me tallaste perfecta. Casi siempre supiste cómo hacer para convencerme en el momento justo y que el resto del mundo, desaparezca. Quizá, si no fuera por el casi, todavía supieras...

No sé de dónde te conocía, por qué encajabas tan bien en mi vida, o si de verdad yo estaba hecha a tu medida. Tampoco de cuál parte del mundo venías, ni por qué no alcanzaba a imaginarlo. Ni a dónde íbamos esa primera vez que me tomaste de la mano...

Las veces que junté una por una tus partes para reconstruirte y luego cuidarte, de ti...

6/10/13

Venías de un mundo que no alcanzaba a imaginarme


Ojalá se te enciendan todos los momentos que escribí y leí en tu cuerpo y que hoy han muerto. Ojalá despierten de esta pesadilla, tus ganas y las mías, de sembrar más sonrisas. Ojalá te deslumbren, a media noche y medio día, las mismas imágenes que a mi me tienen vacía. Ojalá tus recuerdos, cosechen realidades que nos mantengan cerca, en todas nuestras vidas. Y que los sentimientos de corazones rotos, no se dejen convencer por este mundo tonto. Ojalá se te acaben las miradas profundas y que nadie me quite de esa luz que te alumbra. Ojalá pase algo que nos borre ya mismo y de pronto seamos algún nuevo libro. Ojalá las ideas disparen constantes y te esperen de vuelta, en alguna otra parte. Ojalá pierdas el tacto y no toques a nadie que no lleve mi nombre.
Ojalá no te olvides, de todas esas cosas, que a mi me reviven...

4/10/13

El hilo rojo del destino

Existe una creencia asiática, usada en leyendas japonesas, de que las personas predestinadas a conocerse se encuentran unidas por un hilo rojo atado al dedo meñique. Que es invisible y permanece atado a estas personas que, a pesar del tiempo, del lugar y las circunstancias nunca se separan.
Es decir, que el hilo puede enredarse o tensarse, pero nunca, romperse...
Esta leyenda surge cuando se descubre que la arteria ulnar conecta el corazón con el dedo meñique. Al estar unidos por esa arteria se comenzó a decir que los hilos rojos del destino unían los meñiques con los corazones y simbolizaban el interés compartido y la unión de los sentimientos. Incluso durante el Periodo Edo (1603 a 1867) algunas mujeres japonesas se amputaban el dedo meñique para demostrarles su amor a sus maridos. Se consideraba un símbolo de completa lealtad.
Por eso, en japones los kanjis de "promesas de meñique" significan "dedo cortado".