30/10/14

Crónica de una muerte anunciada

Conté cada uno de los pasos en falso que dí para llegar a vos. Retrocedí cuantas veces creí necesario para poder alcanzarte. Me choqué con tu alma cuando quise besarte sin tocarte el cuerpo. Encadené mi corazón al lugar del homicidio y me senté a esperar.

Que te fueras.

Aprendí a leerte con los ojos mucho antes de empezar a escribirte. Juré no dejar de quererte ni un sólo día. Una noche me hice la dormida para escucharte sin que me vieras. Reinventé caricias y fingí con muecas. Dejé atrás todo lo que consideraba nocivo.

Incluyéndote.

Busqué infiernos por todas partes. Abracé mis heridas para sentirte. Me guardé en las venas cada momento, cada adiós y cada instante. Apreté sin ahorcarme. Elegí omitir el dolor para no olvidarte, lloré sonrisas y vi luces en el cielo. Me fui sin despedirme.

Preferí morir amándote, a vivir sin volver a verte.

22/10/14

Algunos amores masvale perderlos

Estoy enojada conmigo misma. Con la capacidad que tengo para memorizarme algo y la que me falta para olvidarmelo. Estoy contando los días desde hace 28 meses. Los días que empezaron a nublarse de a poco, que se llenaron de tormentas y se escondieron del sol. Estoy tratando de dejar de pensar en vos algunas veces. De poder cerrar los ojos sin verte, de ver mis manos sin sentir que están vacías y de que mi memoria se vuelva más selectiva. Estoy buscando de qué reír para soportar este día. Para no pensar qué fecha es hoy ni cuánto hace. Estoy queriendo borrar recuerdos imborrables y echar al olvido momentos inolvidables. Estoy enojada conmigo misma porque no puedo. Porque sé perfectamente que tampoco quiero. Estoy descifrando la delgada línea entre superar y terminar las cosas. Estoy entendiendo más que nunca que algunas heridas no se cierran nunca. Se curan, pero no sanan. Simplemente se instalan en las entrañas del alma y te hacen sentir viva cuando las sientes. Estoy buscando no sentirlas hoy y comprendiendo que: algunos amores masvale perderlos,
pero jamás nunca antes de encontrarlos

12/10/14

A veces tener paz, es mejor que tener razón

Todo el amor del mundo no sirve si no hay personas que lo hagan.

Toda la magia existe en cada abrazo que doy.

Toda la cura llega cada vez que me abrazan.

Todo lo que escribo es lo que soy.

Los ojos infinitos (las manos suaves)
Los silencios que aturden (los finales que hacen falta)

Todo pierde el sentido si me duermo en tus brazos.

Todas las huellas se quedan en las vidas que tocamos.

Quiero todo lo que tengo y tengo todo lo que quiero
(las vacaciones y el fin de semana)
Le doy forma a las palabras que intento decir y no puedo
(mis abuelos, la música, la poesía y el beso en el alma)

Todas las razones que tendría para amarte.

Todos los rincones en que podría hacerlo.

Toda la paz que existe (está en mi alma)
Todo lo demás me sobra (con vos me alcanza)

6/10/14

De reír juntos no se vuelve

Será consciente de que cada vez que me hizo reír me volvió un poco menos triste?
Sabrá que llevo mil minutos observándolo mientras me explica cosas que no entiendo pero que están bien si salen de su boca y las pronuncia su voz?
Tendrá una remota idea de con qué fuerzas su primer abrazo
tomó una por una mis partes y las unió?
Se habrá dado cuenta que memoricé sus coordenadas,
y guardé bajo mi almohada la primer noche de los dos?

Que sé como agacha la mirada cuando volteo para verlo, como se ríe cuando es forzado y como se ríe cuando es en serio. Que daría mi vida por verlo sonreír por mi culpa.
Que le conté los lunares de la espalda mientras se dormía, y que le dije -te quiero- mucho antes de quererlo por miedo a no sabérselo decir algún día. Que sumé los minutos que tarda el ascensor en llegar a su corazón para abrazarlo, y que canté la misma canción diez días seguidos después de besarlo.

Será consciente de que lo encontré y no lo estaba buscando?
Sabrá que me aprendí de memoria su número antes de llamarlo?
Tendrá idea de lo fácil que se vuelve todo en sus brazos?
Se habrá dado cuenta de que soy yo misma cuando estoy a su lado?

Que le pedí sin pedirle que se quedara y que no dejo de pensar en como todo pierde el sentido cada vez que me da la mano.

Que de repente se volvió el motivo para olvidarme de todo lo que me sigue y para enfocarme en todo lo que persigo.

Que he caído desde un precipicio y creído que iba a morirme, pero que apareció justo antes de que lo haga y que de su forma de acariciarme el cuerpo y de reír juntos,
no se vuelve.