Las que están ahí siempre, sin importar ni de dónde vengas ni a dónde vas, ni con qué pie te levantaste, simplemente están. Tengas o no ganas de verlas, de hablarles o contarles lo que sea por más veces que lo hayan escuchado, se encuentran ahí incondicionalmente. Es increíble los lazos tan fuertes que se crean. Cuando pude detenerme y alejarme de todo, me dí cuenta que por más lejos que me vaya siempre estoy con ellas. Siendo cómplice de lo que hacen o dejan de hacer, lo que dicen, gritan, callan, lloran, ríen o discuten.
Y noté que sin eso, sin duda, no tendría sentido de ser.
Y noté que sin eso, sin duda, no tendría sentido de ser.











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