La mitad de las cosas que adquirimos en palabras no las comprendemos. La otra mitad, la experimentamos. A veces creo que soy sólo eso: una experiencia.
Me tocó comprender palabras claves en alma y cuerpo, y pude tocar y ver cosas abstractas como el amor, el dolor, la distancia y la mentira. Supe de golpe que los amores eternos son los más cortos, que los amigos de verdad son muy pocos, que escuchar te escucha cualquiera y que la palabra -amigo-, es mucho más grande que simple y que poca gente sabe comprenderlo. Aunque el tiempo pase y compartas mucho con alguien, un día cualquiera puede hacer eso que nunca pensaste que era capaz de hacer y dejar de ser quien pensabas que era. La confianza se construye en mucho tiempo y se destruye en un segundo, podemos confiar después de todo pero solamente con algo inoportuno pueden rompernos de la peor manera el alma. Cuando un enemigo intenta lastimarnos no lo logra, pero cuando un amigo lo hace, causa ese tipo de dolor que duele un día, y que sigue doliendo cada día más que pasa...
Todos corremos el mismo riesgo, porque nos es fácil tener amigos pero nos es muy difícil serlo. Y esa sensación que se atraviesa cuando uno de esos amigos que creías verdadero te traiciona, no puede expresarse exactamente con palabras, porque no es comparable, nada alcanza. Nadie puede explicar cómo se siente sin sentirlo. Lo peor del error que el otro pueda cometer, es que no sepa arrepentirse luego. Lo peor del perdón que no se pide a tiempo o que no se pide nunca, es que no sabe que a veces, duele más la ausencia que el hecho, y ahí es cuando el perdón es más necesario que justo. Después de experimentar la perdida de la única persona que me había hecho creer que la gente buena existía, muchas de las frases hechas que en mi vida había adquirido, tomaron color y forma. Eso es lo bueno.
Lo malo, es que me dejó en claro que si la gente buena en realidad existe,








