20/2/16

Gumerki del amor

Te dí hasta de lo que no tenía, te regalé mi nombre la primera vez que lo pronunciaste para decirme te amo y te dejé ser dueño de todo lo mío, de todas mis cosas. Y te quería tanto que te dejé ir cuando moría porque te quedaras. Tanto, que me fui corriendo cuando moría por quedarme porque lo que más me dolía de todo, era saber que a vos no te dolía nada. No sé cómo haces ni cómo hiciste, pero me arruinaste el corazón y no te importó. Y a mi no me gustó, que no te gustase, que imaginarme despertar a tu lado, dormir ahí mismo, llorar y reír con vos quizá, por el resto de tu vida, no te gustara.
Y como pude volver, lo hice. Pero no me gustó hacerlo. Y ojalá no nos hubiéramos reencontrado nunca, porque ahora sé, que si no supiste quererme una vez, puede ser que no lo sepas hacer nunca. Que si te dio vértigo amarme cuando yo ya te amaba, tal vez nunca me ames. Me dio bronca que vengas a buscarme y saberme esperando. Esperándote a vos que ni siquiera te diste cuenta de que yo estaba rota. No me gustó saberte volver cuando te quería bien lejos. Porque fue en ese mismo reencuentro que me enamoré otra vez de tus manos, quizá las únicas culpables, de todo esto. Y que lo hagas me hizo dar cuenta de que extrañaba todo de vos, y de que ahora lo detesto.
También detesto no querer verte más y no poder dejar de hacerlo.
Te dí todas las claves de mi alma y las ignoraste una por una. De todos los poderes que te concedí, el único que usaste fue el de hacerme daño. Y yo que creí que nunca te lo perdonaría, lo hice. Y tampoco me gustó hacerlo. Nunca había confiado tanto en nadie, pero vos apareciste justo cuando empezaba a irme, tal vez sea por eso que todavía te quiero (aunque con vos tenga el miedo, de que no tengan miedo a perderme).


9/2/16

De algunas cosas uno no se olvida tan fácil

Un día me pediste que te describa, y como ni ahí ni ahora supe cómo empezar, quiero que sepas que es muy difícil describir a alguien cuando se lo quiere tanto, tanto, tanto como yo te quiero a vos. La verdad es que desde que me lo dijiste hasta hoy, te conocí muchísimo más de lo que te conocía en ese momento. Y eso es lo bueno; lo malo es que ahora tengo muchas más cosas todavía para decir de vos y no sé por cuál arrancar.
En resumen de todo lo que se me ocurre cuando te pienso y por lo que sos en mi vida, podría describirte con una sola palabra: hermano. Porque así sos conmigo, por todo lo que nos une y porque para mí la hermandad no se trata de vínculo sino de afecto. Porque siempre estás, incluso cuando no te tengo cerca. Sos el mejor para sacarme una sonrisa o darme un abrazo que me suene los huesos.
Y sin resumir, no me alcanzarían las palabras y tampoco las leerías. Es difícil describirte porque no puedo ser objetiva y separar lo que sos de lo que te quiero. Pero esencialmente siento lo que te digo desde hace años, hermano y amigo. Supongo que el que no te quiere todavía no te conoció y no tiene ni idea de lo mucho que se está perdiendo. Estoy segura que de los que si te conocen muy pocos te habrán visto triste o serio. Porque vos tenes la sonrisa incorporada como todos quisiéramos. Llevas la alegría como bandera y la mirada siempre en alto, me atrevo a decir que mirando al cielo. Vas haciendo malabares con todas las cosas que te gusta hacer. Contagias de esa felicidad nata que tanto te caracteriza, coordinador tenías que ser. Siempre, siempre buscando la manera más simple de compartir la risa. Tenes el don de hacerte querer rápido y vivís con la liviandad de a quién todo le chupa un huevo. Un busca vida, inquieto y desprolijo que no sabe andar despacio; siempre al palo porque no podrías ir a ningún lado de otra manera. Capaz de adaptarte a lo que sea, y a quién sea, si el fin es bueno y a vos te hace bien, que lo peor que podría pasarnos a vos ya te pasó y seguís de pie. Con buena vibra y esa energía, que aunque a veces sobrecargada, siempre es positiva.
Tenes la virtud de sonreír y hacer olvidar las malas, con la esperanza de que las buenas están por llegar. Y no importa el destino, si hay que ir vos vas. Abrazas con la fuerza de quien está muy seguro de que quiere vivir. Y aunque vivas de risas, también te pones serio y te sinceras para hablar de las cosas que de verdad te importan. Me enseñaste a darle menos importancia a los detalles y a disfrutar más de todo lo bueno que nos pueda pasar. A evitar esos temas que puedan generar mal estar, o al menos a intentarlo. Buen amigo y buen hermano, compañero fiel. Hace unos años mi compañero de banco, hoy gracias al universo, compañero de vida. Experto en salir de noche y volver de día, también me enseñaste a celebrar cuando sea, que si no hay motivos los inventamos.
Por encima de todas estas cosas, vos sos buena persona. Y yo podría seguir y seguir escribiendo, de verdad, ponerme más cursi todavía. Pero con letras ahora brindo por vos; porque tus estrellas sean siempre tu guía. Te cuiden y te den la fuerza para que nunca dejes de ser como sos. Brindo por nuestra amistad; tus mambos, los míos, lo que nos une y todo eso que nos hace tan distintos. Por todo lo compartido y por todo lo que nos queda. Por los lugares, los viajes, las historias, los recuerdos y las anécdotas. Por lo que te quiero y por este intento de descripción humilde que me hizo acordar muchas cosas nuestras que ojalá no me olvide nunca. Porque cumplas mil años más y los festejemos todos juntos. Sé que queda poca gente buena como vos, así que brindo por tenerte. Creo que no podría tener un mejor mejor amigo. Que seas infinito...
¡Y que nunca nunca se corte!

4/2/16

Las cosas no son así

Después de convertir una colección de desilusiones en la inmensa tranquilidad que me estabilizó poniéndome nuevamente los pies en la tierra y la mirada en el cielo, comprendí la esencia de todas las situaciones que me habían hecho perderme en mi misma y lo que es peor, perderme a mí.

En cada situación, vivir es morirse un poco. Porque allá vamos y porque no tendría sentido que lleguemos y nos marchemos siendo lo mismo. Nos vamos muriendo lento aunque suene tan álgido para algunos o tan arrebatado para otros. Aunque estén quienes negativamente comprenden la muerte como lo peor que podría pasarnos estamos el resto, que elegimos comprender la misma como la parte menor de toda una vida, que inevitablemente tiene que llegarnos. Y seguro estén los otros, los demás y unos cuantos que piensen distinto. Habrá tantas o más opiniones sobre la misma cosa como personas en el mundo o como mundos en cada persona.

Pero para mí, vivir es morirse de a poco porque en cada situación perdemos algo. Vivir es lastimarnos, es sufrir y es temer, es amarnos y odiarnos. Vivir es lamernos las heridas sin asco, cubrir las cicatrices con miedo, volver a los sitios en los que éramos porque ya no sabemos quién carajo somos. Vivir es ir mutando, despedazarnos y juntarnos los restos para intentar armar algo y volver a romperlo. Es trascender con los años, mal acostumbrarnos y batallar para triunfar y ser derrotados.

No hay tiempo para nada, la vida misma puede terminarnos en un segundo y nosotros no somos dignos de terminarla cuando queramos. Las vidas que se derrumban con la pérdida de una es una familia de muertes anunciadas, de cuerpos cansados que siguen viviendo y de almas desahuciadas que ya se marcharon. Odiamos la muerte porque no la entendemos, porque no estamos capacitados para soportarla. Porque a fuerza mayor lo hacemos y sin opción escuchamos decir que la vida sigue y no lo creemos. Cuando alguien se va de nuestro alcance la vida no sigue, la vida cambia. Será cuestión de aprender a cambiar de vida para poder sobrevivir o para seguir viviendo.

En cualquier situación vivir es atravesar el dolor, aprender de eso como si no se pudiese aprender sin sufrir. Es perder el corazón, es ir hasta las ultimas instancias, es dejarlo todo sabiendo que lo podemos perder en un segundo. Es suturar heridas, es quedarnos sin aliento, sin alma, sin latidos. Vivir es ir en contra de los vientos. Vivir es insistir en lo que sabemos que nos causa daño, en lo que nos asusta o nos da vértigo.

Tal vez de eso se trate la vida. De vivir muriendo, de merecerla sufriendo. Tal vez en todas esas situaciones haya vida porque hay en las mismas daños inevitables. Y en conclusión la vida sea todo eso junto; un perseverante resarcimiento de la suma de nuestros errores y pérdidas. Un reparto equitativo de amor y paz entre todas las personas que nos acompañan en todas nuestras situaciones. Un contrato de amistad y cariño con quienes llegan y se quedan para siempre. Porque es la misma vida la que nos enseña a dar a cada quién lo que se merece, porque es ella misma la que nos prepara para morirnos haciéndonos soportar todo tipo de sufrimiento porque sabe que un día, sin más, dejaremos este mundo. Dejaremos de vivir después de haberlo dejado todo por hacerlo. Nos anestesia con cada herida y nos hace bien fuertes para irnos.

Yo no creo necesariamente que querer sea poder, porque ese poder está en uno mismo y depende de cada uno de nosotros lograr lo que queramos. Por eso las cosas no son así,
están así.

Y las podemos cambiar, cuantas veces lo creamos necesario; cambiar de vida, cambiar de rumbo, cambiar de ideas, cambiar de amigos, cambiar de nombre, cambiar de gustos, cambiar la música que pasen en la radio porque ya no nos mueva lo mismo. Cambiar la forma de vestir y la manera en que miramos el horizonte cuando se pone el sol. Cambiar la tristeza y la angustia por algo mejor. Cambiarnos de piel y mirarnos desnudos, cambiar de amor y cambiar el mundo. Todo podemos cambiarlo.

Si vivir es morirnos en cada situación para renacer en las continúas y volver a hacerlo, que morir sea seguir viviendo. Que no sea tan triste, que no nos desarme. Que sea adelantarse al mismo lugar al que vamos todos y que no sea perdernos; que sea amor puro y mucho afecto. Que sea abrazos celestiales, noches estrelladas y rock del bueno. Cambiemos la connotación y que morir no sea tan malo; no sea tan desgarrador ni tan mundano. Que tal vez sea nuestro eterno karma humano, pero que no nos destruya la muerte. Que algo más tiene que haber. Que si podemos seguir amando sin vernos, tocando y sintiendo, extrañando y pasando por cada recuerdo; la muerte no es el fin sino un nuevo comienzo. Cambiemos de dioses y de religión que el título es lo menos, cambiar cambiemos, pero nunca, nunca perdamos la fe del reencuentro. Del abrazo fraterno, del dolor que al fin sana y de ese paraíso, donde abundan las almas y estamos unidos. Que no nos sorprenda si un día nos vamos si para eso vinimos.

Si la vida sea eso y si morimos un poco en cualquier situación,
vivamos por siempre, que a veces las cosas, no son como son.

2/2/16

La esperanza apretada de sentirte cerca

Creo que te quiero mucho como para odiarte por algo; incluso creo que te quiero más de lo que sé y sé que te quiero más de lo que debería. Pero ni aunque me quieran convencer de que todos los dolores son iguales, de que existen las heridas relativas o me inventen la tristeza convergente, te odiaría. Porque odiar es para los flojitos..
Y llegar a vos fue justificar un poco el agobiante recorrido en el que me encontraba. Quizá el mismo que nos encontró una noche unidos en algo, que no era nada, pero que nos hacía vibrar todo el cuerpo. Tal vez por haber desorbitado mi rumbo y haberme hecho creer pavadas, así, de la manera más pobre de todas, vos hayas generado ese tipo de querer que no cambia. No importa que no lo entiendas, no importa que nadie lo haga. Con vos más que a odiar aprendí a querer y cuidar mucho lo que considero mío.
A desatarme del pasado insistente que me perseguía,
a transformar recuerdos tristes en alegría,
a poder pasar por el corazón sin abrir cicatrices,
a preocuparme menos por todo y a perdonar más..

Seguro el destino nos sorprenda, el universo conspire sabiamente y nos mantenga alejados; porque así como sé que te quiero sé también, que no es bueno que estemos cerca. También sé que cuando uno es bueno, por más que atraviese el sufrimiento varias veces, duerme tranquilo. Descansa en paz, vive más feliz y tiene menos cosas para decirle al mundo. Sé también que es difícil comprender que después de tanta sacudida y tan corto cuento, sienta esto. Pero es muy simple para mí, que a través de ser más triste de lo que ya era, me volví un poco más honesta conmigo y más fiel todavía a lo que amo.

También procesé la sensación de que me hayas elevado y no me hayas sostenido, como la madurez de mi alma para prepararme para lo mejor, que siempre está por venir. Y como te perdoné hace un montón, nunca te dejé de querer. Desde los fondos de mi alma deseo que te colmes del tipo de felicidad que te merezcas y que estés bien,
que todo pasa por algo y de la nada al todo nos vamos a ir. Imposible olvidarte si me hiciste olvidar, si al primer abrazo me inundaste de paz. Si después de todo,
hoy soy más fuerte que ayer. Y la gente fuerte ama, ama un montón.