Un día me pediste que te describa, y como ni ahí ni ahora supe cómo empezar, quiero que sepas que es muy difícil describir a alguien cuando se lo quiere tanto, tanto, tanto como yo te quiero a vos. La verdad es que desde que me lo dijiste hasta hoy, te conocí muchísimo más de lo que te conocía en ese momento. Y eso es lo bueno; lo malo es que ahora tengo muchas más cosas todavía para decir de vos y no sé por cuál arrancar.
En resumen de todo lo que se me ocurre cuando te pienso y por lo que sos en mi vida, podría describirte con una sola palabra: hermano. Porque así sos conmigo, por todo lo que nos une y porque para mí la hermandad no se trata de vínculo sino de afecto. Porque siempre estás, incluso cuando no te tengo cerca. Sos el mejor para sacarme una sonrisa o darme un abrazo que me suene los huesos.
En resumen de todo lo que se me ocurre cuando te pienso y por lo que sos en mi vida, podría describirte con una sola palabra: hermano. Porque así sos conmigo, por todo lo que nos une y porque para mí la hermandad no se trata de vínculo sino de afecto. Porque siempre estás, incluso cuando no te tengo cerca. Sos el mejor para sacarme una sonrisa o darme un abrazo que me suene los huesos.
Y sin resumir, no me alcanzarían las palabras y tampoco las leerías. Es difícil describirte porque no puedo ser objetiva y separar lo que sos de lo que te quiero. Pero esencialmente siento lo que te digo desde hace años, hermano y amigo. Supongo que el que no te quiere todavía no te conoció y no tiene ni idea de lo mucho que se está perdiendo. Estoy segura que de los que si te conocen muy pocos te habrán visto triste o serio. Porque vos tenes la sonrisa incorporada como todos quisiéramos. Llevas la alegría como bandera y la mirada siempre en alto, me atrevo a decir que mirando al cielo. Vas haciendo malabares con todas las cosas que te gusta hacer. Contagias de esa felicidad nata que tanto te caracteriza, coordinador tenías que ser. Siempre, siempre buscando la manera más simple de compartir la risa. Tenes el don de hacerte querer rápido y vivís con la liviandad de a quién todo le chupa un huevo. Un busca vida, inquieto y desprolijo que no sabe andar despacio; siempre al palo porque no podrías ir a ningún lado de otra manera. Capaz de adaptarte a lo que sea, y a quién sea, si el fin es bueno y a vos te hace bien, que lo peor que podría pasarnos a vos ya te pasó y seguís de pie. Con buena vibra y esa energía, que aunque a veces sobrecargada, siempre es positiva.
Tenes la virtud de sonreír y hacer olvidar las malas, con la esperanza de que las buenas están por llegar. Y no importa el destino, si hay que ir vos vas. Abrazas con la fuerza de quien está muy seguro de que quiere vivir. Y aunque vivas de risas, también te pones serio y te sinceras para hablar de las cosas que de verdad te importan. Me enseñaste a darle menos importancia a los detalles y a disfrutar más de todo lo bueno que nos pueda pasar. A evitar esos temas que puedan generar mal estar, o al menos a intentarlo. Buen amigo y buen hermano, compañero fiel. Hace unos años mi compañero de banco, hoy gracias al universo, compañero de vida. Experto en salir de noche y volver de día, también me enseñaste a celebrar cuando sea, que si no hay motivos los inventamos.
Por encima de todas estas cosas, vos sos buena persona. Y yo podría seguir y seguir escribiendo, de verdad, ponerme más cursi todavía. Pero con letras ahora brindo por vos; porque tus estrellas sean siempre tu guía. Te cuiden y te den la fuerza para que nunca dejes de ser como sos. Brindo por nuestra amistad; tus mambos, los míos, lo que nos une y todo eso que nos hace tan distintos. Por todo lo compartido y por todo lo que nos queda. Por los lugares, los viajes, las historias, los recuerdos y las anécdotas. Por lo que te quiero y por este intento de descripción humilde que me hizo acordar muchas cosas nuestras que ojalá no me olvide nunca. Porque cumplas mil años más y los festejemos todos juntos. Sé que queda poca gente buena como vos, así que brindo por tenerte. Creo que no podría tener un mejor mejor amigo. Que seas infinito...
¡Y que nunca nunca se corte!
