Te dí hasta de lo que no tenía, te regalé mi nombre la primera vez que lo pronunciaste para decirme te amo y te dejé ser dueño de todo lo mío, de todas mis cosas. Y te quería tanto que te dejé ir cuando moría porque te quedaras. Tanto, que me fui corriendo cuando moría por quedarme porque lo que más me dolía de todo, era saber que a vos no te dolía nada. No sé cómo haces ni cómo hiciste, pero me arruinaste el corazón y no te importó. Y a mi no me gustó, que no te gustase, que imaginarme despertar a tu lado, dormir ahí mismo, llorar y reír con vos quizá, por el resto de tu vida, no te gustara.
Y como pude volver, lo hice. Pero no me gustó hacerlo. Y ojalá no nos hubiéramos reencontrado nunca, porque ahora sé, que si no supiste quererme una vez, puede ser que no lo sepas hacer nunca. Que si te dio vértigo amarme cuando yo ya te amaba, tal vez nunca me ames. Me dio bronca que vengas a buscarme y saberme esperando. Esperándote a vos que ni siquiera te diste cuenta de que yo estaba rota. No me gustó saberte volver cuando te quería bien lejos. Porque fue en ese mismo reencuentro que me enamoré otra vez de tus manos, quizá las únicas culpables, de todo esto. Y que lo hagas me hizo dar cuenta de que extrañaba todo de vos, y de que ahora lo detesto.
También detesto no querer verte más y no poder dejar de hacerlo.
Te dí todas las claves de mi alma y las ignoraste una por una. De todos los poderes que te concedí, el único que usaste fue el de hacerme daño. Y yo que creí que nunca te lo perdonaría, lo hice. Y tampoco me gustó hacerlo. Nunca había confiado tanto en nadie, pero vos apareciste justo cuando empezaba a irme, tal vez sea por eso que todavía te quiero (aunque con vos tenga el miedo, de que no tengan miedo a perderme).
También detesto no querer verte más y no poder dejar de hacerlo.
Te dí todas las claves de mi alma y las ignoraste una por una. De todos los poderes que te concedí, el único que usaste fue el de hacerme daño. Y yo que creí que nunca te lo perdonaría, lo hice. Y tampoco me gustó hacerlo. Nunca había confiado tanto en nadie, pero vos apareciste justo cuando empezaba a irme, tal vez sea por eso que todavía te quiero (aunque con vos tenga el miedo, de que no tengan miedo a perderme).
