No hay que dejar de ir a los lugares que nos hacen bien. No hay que soltarse de las manos que nos amarran, ni alejarse de los brazos que nos abrazan. No hay que dejar atrás las cosas que nos hacen ir hacia delante, ni echar a perder lo que nos hizo ser quien somos. No hay que olvidarse de las personas que nos hicieron amar, creer y sonreír; porque son quienes en realidad van a acordarse de nosotros siempre. No hay que perder las esperanzas ni pensar que no podemos. No hay que dejar de intentarlo y no hay que echar de menos; hay que ir a buscarnos para encontrarnos y volver a entrelazar nuestras almas cada vez. No hay que dejar de ver a quien nos saca una sonrisa o quien nos pone en nuestro sitio, no hay que dejar de ir a nuestro interior y preguntarnos si hoy somos lo que en realidad queremos. No hay que dejar de mirarnos a los ojos, decirnos te quiero y tener un plan juntos. No hay que dejar de ser uno mismo y no hay que posponer lo que podemos hacer ya. No hay que dejar de ser amigo,
de uno de esos pocos amigos de verdad que tuvimos la gracia de encontrar,
y que tenemos la obligación de no perder.
