Te amo -decía y después mataba-
El día que quisiste besarme y me negué y la vez que digné mi voluntad por tu sonrisa.
La noche que por fin caí rendida y la tarde que me hiciste trizas...
La primera y única razón que me diste para que no me fuera y todas las que te faltaron para que me quedara. El día que cerré los ojos para no ver y el poder que tuviste de hacer sonar a verdad tantas mentiras. La noche que te hiciste esclavo de lo que decías y la tarde que me tallaste perfecta. Casi siempre supiste cómo hacer para convencerme en el momento justo y que el resto del mundo, desaparezca. Quizá, si no fuera por el casi, todavía supieras...
No sé de dónde te conocía, por qué encajabas tan bien en mi vida, o si de verdad yo estaba hecha a tu medida. Tampoco de cuál parte del mundo venías, ni por qué no alcanzaba a imaginarlo. Ni a dónde íbamos esa primera vez que me tomaste de la mano...
Las veces que junté una por una tus partes para reconstruirte y luego cuidarte, de ti...