14/4/13

No puedo hablar con exactitud cuando quiero decir lo que me pasa. No puedo explicar porque no sé qué me pasa. No sirve de nada decir que fue tarde cuando me di cuenta que todo lo que creía en realidad no era, porque eso no cambiaría ni la cronología ni la magnitud de los hechos. Nunca había creído en el tiempo hasta ahora. Nunca había sido tan fuerte hasta que no me quedó otra. Jamás pensé en llegar tarde o a tiempo porque ignoraba por completo que eso pasara. No sé cuál fue tu embrujo, cuál tu veneno, qué lo que me hizo querer sin excepciones, qué lo que me puso tan ciega.
No me gusta saborear los errores porque odio tener que arrepentirme para estar llena. Quizá no vuelvan a quererte como lo hice, quizá jamás quieras. Pero el vacío que me invade hoy de los pies a la cabeza ya no habla de vos; ni de la tolerancia que me obligaste a tenerte, ni de las cosas que naturalicé por seguir a tu lado.
No sé qué me pasa, no sé qué me hiciste.
La desesperación de ver que todo lo que amaba y tenía como dirección no existía, no había existido; nunca exististe. La indignación de no poder hacer más nada para cambiarlo, la impotencia de darme cuenta que ya no eras vos, que te había inventado y que me creí tu presencia, que solamente fuiste lo que yo quise que fueras hasta que me dí cuenta que no. Que las personas no cambian, que estamos lejos de encontrarnos, que fuimos de mentira, que ni siquiera sé si nos amamos. No sé cómo hacer para que me entiendas y en realidad, si lo haces o no, no me interesa.
Y dudo que lo hagas porque nunca lo hiciste.