El mismísimo momento en el que me río por dentro -soy feliz un instante- me acuerdo de eso que nos provocó al mismo tiempo la misma carcajada. Estábamos juntas, contemplé sus miradas y entendí que reír hasta llorar no tenía sentido si no era acompañada. Que sentir eso que pasa cuando miras a alguien y te entiende sin hablar, es completarse. Que percibir lo que carga el otro como si fuese propio, abrazarlo sin brazos aún a distancia y acudir a sus heridas cada vez que haga falta: es sentirse parte de la vida de alguien incondicionalmente.
Entregarse para dar y recibir sin peros que dividan; con oídos incansables, hombros firmes y palabras sanadoras. Aprendiendo a compartir risas y lágrimas. Comprendiendo que los -amigos- son almas que se eligen un día y se vuelven a elegir desde ese entonces. Y si el título no encaja es porque decir -mis amigas- no alcanza, porque lo que son no entra en palabras, porque desconozco algo más grande y porque en la vida podría explicarlo exactamente. Sentirme abrazada con cada gesto, aceptada a pesar de tantos defectos, querida y acompañada todos los días de mi vida. Entre tantas otras cosas que me causan, sentir también que la casualidad no existe, que las quiero más que a la ley de atracción y al karma, que prefiero un rato juntas que cualquier otra cosa...
Convencerme cada día de que no hay nada mejor que tenerlas conmigo.
Desearles con el corazón la felicidad eterna, los bellos milagros que se merecen, la paz y la armonía de sus almas. Quererlas a rabiar, extrañarlas si no las tengo cerca y rebelarme ante cualquier mal que se les quiera acercar. Reforzar todos los días ese lazo indestructible que alguna vez nos unió para que ya no se tense. De las cosas malas que viví aprender a cuidarlas para que jamás las vivan ustedes. De las cosas buenas aprender a regenerarlas para que nos unan y se acorten las distancias que el destino nos imponga. Gracias por la paciencia infinita, por las manos que curan, por esos abrazos que siempre me vuelven a armar y por las fuerzas para salir adelante. Juntas...
Entregarse para dar y recibir sin peros que dividan; con oídos incansables, hombros firmes y palabras sanadoras. Aprendiendo a compartir risas y lágrimas. Comprendiendo que los -amigos- son almas que se eligen un día y se vuelven a elegir desde ese entonces. Y si el título no encaja es porque decir -mis amigas- no alcanza, porque lo que son no entra en palabras, porque desconozco algo más grande y porque en la vida podría explicarlo exactamente. Sentirme abrazada con cada gesto, aceptada a pesar de tantos defectos, querida y acompañada todos los días de mi vida. Entre tantas otras cosas que me causan, sentir también que la casualidad no existe, que las quiero más que a la ley de atracción y al karma, que prefiero un rato juntas que cualquier otra cosa...
Convencerme cada día de que no hay nada mejor que tenerlas conmigo.
Desearles con el corazón la felicidad eterna, los bellos milagros que se merecen, la paz y la armonía de sus almas. Quererlas a rabiar, extrañarlas si no las tengo cerca y rebelarme ante cualquier mal que se les quiera acercar. Reforzar todos los días ese lazo indestructible que alguna vez nos unió para que ya no se tense. De las cosas malas que viví aprender a cuidarlas para que jamás las vivan ustedes. De las cosas buenas aprender a regenerarlas para que nos unan y se acorten las distancias que el destino nos imponga. Gracias por la paciencia infinita, por las manos que curan, por esos abrazos que siempre me vuelven a armar y por las fuerzas para salir adelante. Juntas...
