22/5/14

Hay días en los que la recuerdo y me pregunto:

¿Qué estará haciendo?
Hay noches, en cambio, en las que la extraño y me pregunto:
¿Qué me estoy haciendo?

Me quedé tirado y solo.
Contemplando como sus espaldas se reían de verme ahogado en el mismo vaso de agua que le pedí esa noche para poder tragar sus reproches. Juro que me vi en sus ojos y no supe cómo resistirme a no sacárselos. Hay amores que matan. Me cansé de esperar el por venir que nunca viene y de pensar en si es que nunca ha llegado o es que jamás se irá de aquí. La tengo adentro mío. No sé qué espero ni a dónde más ir, qué es lo que busco ni dónde más encontrarla. Ya sentencié mis ilusiones de volver a tocarla, estoy tan perdidamente loco que la peor parte es la primera: perdidamente. Estoy perdido. Me quedé en vez de correr a buscarla, la lloré en vez de re-inventarla. La perdí en vez de cuidarla. Entendí que tal vez, nunca se fue y fui yo mismo quién se quiso ir. Tal vez me equivoque pero no fueron sus ojos, no fue su boca; fue algo en sus labios que sopló en mi rostro un dolor inexplicable, llegué a tocarlo pero perdí los dedos en las mismas heridas que una vez le hice. Le escribo porque comprendí en sus lunares, que donde existieron heridas, no cabe el olvido.
La amo más que siempre.