Me pregunto si detrás de tus delirios todavía escondes algún miedo de esos que te oí balbucear antes de dormirte. Hablas de tiempo y perdones como si aún quedase algo que curar en todo esto. Porque para haberte visto volver tuve que dejarte ir y nunca volví a vivir igual después de hacerlo. Ojalá comprendieses que te fuiste mucho antes que yo y que todavía no entiendo a qué volviste. Continúas siendo esa calma que cuando toco enfurece y no puedo hacer más nada de todo lo que ya hice para que vuelva a calmarse. Todavía no pude descubrir a qué clase de personas pertenezco, en realidad, no sé a cuál me daría menos lástima pertenecer. Creo que ni vos sabes la respuesta pero, ¿Qué es peor: alguien que deja vivir el dolor porque no lo comprende o alguien que comprende el dolor pero no deja vivir? La peor de mis condenas fue entregarme a alguien, que no sabe ni dónde situarse ni dónde situarme a mi...