24/6/14

Leandra

Irrumpiste en mi mundo, mi espacio y mi tiempo.
Te acomodé en mi vida al primer intento.

No sé qué hiciste durante este trayecto.
Pero yo sólo pensé en nuestro re-encuentro.

Te soñé cada noche y en algún que otro sueño,
te escuché la voz y te conté cuentos.

Dibujé tu sonrisa en todos mis rincones,
imaginé hasta anécdotas de viajes en aviones.

Tenía preparada para vos una vida,
que me hubiera gustado demasiado que vivas.

No llegué a convencerte de que te quedes a tiempo.
No me preparaste para el último momento.

Cuatro semanas escuchándome sin hacerte escuchar,
y ni una sola vez, para poderte abrazar.

Uno coma treinta y un centímetros nada más,
y mi corazón eternamente contento...

Catorce días más esperando por sentirte,
¿por qué no me esperaste? ¿por qué te fuiste?

¿Cuántos segundos hay de la alegría inmensa a la mera tristeza?
¿Cuántos minutos para verte llegar y cuántas horas para llorarte marchar?

¿Cuántos días esperando irte a buscar y cuántas semanas que esperé demás?
¿Cuántos meses tardarás en volver y cuántas lunas cayeron desde que no estás?

¿Cuántas cosas que dejamos sin hacer y cuántas otras que nunca se harán?
¿Cuánto pudiste generar en tan poco tiempo?

Voy a escribirte porque quiero que vivas,
que me aprietes los dedos y te rías.

Porque tengo recuerdos de vidas pasadas,
en las que fuimos grandes y buenas hermanas.

Te conté mis secretos y me confiaste los tuyos,
te sentaste en mis piernas y te quedaste dormida.

Perdón por las cosas que no alcancé a darte.
Gracias por todas las que vos me dejaste.

Te voy a extrañar durante toda mi vida,
y a quererte un poco, más, cada día.