12/6/14

Lo peor de morir de amor, es que no te mata

Yo nunca creí en las trenzas de Nietzsche que sostienen el dolor y trenzan la tristeza para que no se esparza por el cuerpo y sin embargo lo intenté varias veces. Claro que ni las trenzas, ni escribir, ni morirme y volver a vivir terminó con las tristezas. La verdad, es que nunca sobreviví a nada y aunque creí muchas veces que si, jamás volví a encontrarme y ahora estoy más perdida que antes. Si pudiera aunque sea analizarme una sola lágrima, llorar recobraría el sentido porque últimamente, ni siquiera sé por qué lloro. Ni tampoco cuántas vidas hace que pienso que las cosas cambiaron, y nunca cambian. Soy la misma persona vacía que resta años y días y fingió ser feliz varias veces para complacer a otros; el peor de todos mis engaños, la mejor de todas mis mentiras. Estoy subida a algo de lo que no sé como bajarme. Me olvidé como querer y ya no dejo que me quieran. Perdí las instrucciones cuando tuve que marcharme, del lugar al que hubiera, querido quedarme para siempre. Si alguien me hubiera advertido que el amor era una enfermedad tan incurable, jamás hubiese amado, o al menos no con tanta fuerza. Ahora sólo quiero quedarme acá hasta que de verdad me muera. Porque les juro que no hay nada más triste, que te hagan más triste de lo que ya eras.