Sería muy poco digno decir: no sos vos soy yo. Más cuando soy yo la que toma la iniciativa. Siempre es así. Tengo la virtud, o quizás el defecto, de no hacer nada por completo. Ni confío completamente, ni creo, ni espero, ni me aferro, ni me entrego. No sé hacer nada de forma absoluta. Soy tan relativa como cuando imagino nuestras vidas enteras juntos, en tan sólo un minuto. Por eso pasa lo mismo cada vez, porque nunca termino de confiar, de creer, de esperar, de aferrarme y de entregarme. De ser yo del todo. De arriesgarme sin miedo a perderme. Discúlpame. ¿Te estoy pidiendo disculpas? Odio esto. Pero soy así y no puedo cambiar. No quiero tampoco...
