6/2/13

No es una cosa, es un proceso — Osho

No hablo de realidades.
No hablo de cosas que podamos ver.
No hablo de cosas comunes y corrientes.
No hablo de irse. Hablo de quedarse.
Hablo de algo que todavía, no consigo definir.
Hablo del amor puro, de las ideas, los deseos y las esperanzas vivas y sanas.
No hablo del cuerpo. Hablo del alma.
Hablo de la generosidad de los espíritus que nunca dejan de luchar.
De los brazos que nos abrazan. De los hombros que nos sostienen.
De seguir acá. De que no te vayas nunca y de que te quedes.
Hablo de que sepas elegir.
Sepas sonreír. Sepas resistir.
Sepas entender. Sepas fortalecerte.
Sepas desparramar tu buena energía por todos lados,
y sepas también desechar las energías negativas.
Las cosas malas, las que dañan; los gritos, las malas intenciones.
Las cosas que no le hacen falta a nadie.
Los malos días y los malhumores.
Las culpas, las quejas, los estorbos y los malestares.

Hablo desde acá, de mi lugar, desde dónde y cómo te conozco.
Y aunque quizá hable por hablar o mi lugar no sea precisamente uno grande,
lo hago con el corazón.
Hablo con mucha fe y de la misma manera escribo, aunque quizá no leas,
ni jamás vayas a leer. Lo hago por muchas razones.
Porque me inundé de fe de tu mano.
Porque rezo cada día desde que te conozco, porque aprendí a agradecer,
a valorar más todo; porque entre mis rezos, vos estas siempre presente.
Hablo de vos y se me sale una sonrisa, se me sale un abrazo,
se me sale una fuerza interior que me dice -sigamos-.
Y hablo muy por encima de las cosas sin sentido, las cosas totalmente superficiales,
las cosas que no se comparan con todo esto de lo que hablo.
Porque hablo del amor en el aire, de una fuerza descomunal,
de la gracia, la fe y la esperanza que encontré en tu hogar.
Que me hicieron más fuerte y más crédula.

No hablo precisamente de -cosas-.
Hablo de la vida.
De las razones vibrantes que nos mantienen en ella.
De los motivos por los que unos y otros eligen quedarse.
No hablo de leyes, ni de libros,
ni de nada que haya dicho ningún médico.
No hablo con argumentos porque aún no los consigo.
No soy médica, ni abogada, ni escritora.
Sólo soy yo y quizá, hablo por defecto...
Pero hablo desde el alma y hablo de procesos.
De vivir y de que -sigamos- viviendo.

+Respirá. Abrí los ojos y deja que se inunden de alegría por el simple hecho de poder hacerlo. Sonreí. Acaricia a los que continúan a tu lado simplemente porque te quieren a su lado. Amá la vida. El aire. Amate a vos y ama a los tuyos. Deja que te amen. Quedate. Estate en tu casa que una tarde de estas voy a visitarte. Reservarme unas horas y hablemos. De recuerdos o de futuros planes. Rezá y agradecé por las simplezas como yo aprendí a hacerlo rodeada de tu familia. Pedí con fe, que todo llega a quien sabe esperar. Y cuando te sientas abajo avisame, que nos levantamos juntos. Subí, volvé a respirar y hacelo profundo. Cuando estés cansado, acostate. Tomate un descanso. Escucha música, relajate. No hay certezas, no hay seguridades. La vida es un misterio. Hace todo lo que desees. Y desea todo lo que hagas. Se intenso, auténtico y apasionado. Pero por sobre todas las cosas:
SE FELIZ.
Incrementa sensaciones y sentilas. Cada vez que sea necesario, volvé a decirlo:
-estoy vivo-. Y alegrate, sentilo. Porque aunque quizá no sepas,
somos muchos los que nos alegramos de que lo digas.