16/9/14

Eres lo mejor que me ha matado

Miré en tu alma a través de tus ojos. Levanté la mirada para ver si me estabas viendo y me mostraste tu esencia. Cargué con tus derrotas y consolé tus tristezas. Me esmeré tanto por verte sonreír que cuando lo logré ni siquiera pude notarlo. Vi tu alma sin querer y me encadené a curarla. Te inventé la mitad de todo lo que te he contado con tal de llamar tu atención. Te conté tantas cosas, que incluso aprendí a hablarte sin pronunciar una sola palabra. Me viste decir y contradecirme mil veces por intentar explicarte algo, me viste desnudarme de cuerpo y alma intentando que me vieras. Rogando por tu amor. Buscando que me amaras. Queriendo que me quieras.
Sin embargo me rompiste el corazón.
Estaba tan convencida de que no nos pertenecíamos que simplemente buscaba la manera de demostrarlo. Me empujaste a hacer todo lo que creí que jamás iba a hacer, arrasaste mis raíces y me hiciste florecer de todas formas. Desordenaste todo lo que ordené a tu alrededor. Y aunque debe haber una o dos cosas que no llegaste a pedirme, sé que también las hubiera hecho por vos. Planté sueños de victoria en tu alcoba. Guardé amor del bueno en tus cajones. Dejé mi voluntad en un rincón del baño.
Morí en el borde de los escalones buscando no sé qué cosa. En realidad me mataste.
Me mataste mejor que nadie y quería que lo sepas.
Pero lo cierto es, que después de conocerte, no dejé ni un sólo día de preguntarme
qué hubiera sido de mí, si no te hubiese conocido nunca.