Y por encima de todas las razones que tenia para huir, siempre encontraba una que me convenciera para quedarme. Y sabía que mi lugar ya no era ahí, y que por encima del cariño inconmensurable que había llegado a sentir, tenía que irme. Y todavía él me parecía esa tranquilidad después de las tormentas, y aunque los días se cansaban de llover, volvía a sus brazos creyendo que todo iba a estar bien. Y fuéramos donde fuéramos, donde nos encontrábamos siempre hacía mucho frío; y lo cierto es que a veces me hacía creer, que las cosas podían cambiar. Y por encima de esperar siempre a que pase algo y volvamos a empezar, cuando estás tanto tiempo esperando lo mismo, te olvidas que hay otras cosas que pueden llegar.
Él fue de esas personas que me hicieron creer que yo no era quien yo pensaba en realidad, de esas personas que me hicieron olvidar por momentos de como se sentía el calor del sol cuando pega en el cuerpo; de esas partes de mi vida de las que siempre prefiero no hablar. Y juraría que hubiese dado todo y más porque funcione, y que llegué a creer que lo demás no importaba si estaba en sus brazos. Y que muchas veces he olvidado en su mirada, que el amor es lo mas parecido a un precipicio, y que nunca podría sentirlo igual. Y hasta que pasó el tiempo y puso las cosas en su lugar.
Y por encima de no reconocerlo, supe marcharme.
Y entendí que el alma se ilumina cuando dejas la luz entrar. Que cuando dejas atrás el miedo, te sientes libre. Y también, que puedes olvidarte de repente de algunas cosas, olvidarte por completo. Y volverte a recordar...
