30/8/14

De las ganas que tengo

Cuando escribo sangro para mutilar los miedos que me quedan, cuando abrazo lloro y suplico abrazos que contengan; y cuando beso perdono mi pasado para dejarlo cada vez, un poco más atrás. Empiezo a escribir cuando ya sé que es lo que me asusta y lo puedo enfrentar, pero olvido que el miedo no se va. Esta mañana te hubiera esperado pedirme que me fuera, pero te vi con los ojos cerrados despertar y abrazarme de nuevo. Cuando te acostumbras a vivir en el medio de la nada, crees que quien pasa no mira, pero le echas la vista como si hubieses querido sentir el olor al perfume de alguien que ya conocías de otra vida. O de algún otro lado que ignoras y recuerdas al mismo tiempo. Me calma respirar el aire que me queda por delante después de sonreírte. Eso que queda entre el silencio que no incomoda y la risa que llena el alma; entre besarte a media noche dormida y despertarme en tu cama. Después de volver a abrir los ojos lidié con tanta luz, y entendí que de sueños también se sobrevive, que podría cerrarlos y no volver a abrirlos nunca si quisiera. Dejame decirte el por qué de toda esta lluvia en víspera de primavera, el por qué de todo este sol a fin de agosto. Dejame contarte de como soñé con vos y te tenía al lado mio; de las ganas que tengo de envenenarte a suspiros y ponerte en duda a pulsaciones, de empujarte al vacío y lanzarme atrás tuyo.
De escribir verdades, encontrar soluciones y vomitar flores.