A veces nos mataría. Son momentos donde nos odio, de verdad, nos odio y nos quiero matar. Por seguir acordándonos de todo todos los días. Por hacernos saber el uno al otro que todo sigue igual que siempre. Por luchar contra las fuerzas del destino y querer sentirnos cerca como si eso nos sirviera de algo. Porque sabemos que no hay más nada pero igual, nos queremos como si todo. Aunque nada exista de real entre nosotros y aunque los ecos del amor que nos tuvimos sean mentira a los ojos de los otros.
Después se me pasa. Me olvido para no acordarme y te quiero un poco;
te quiero y te extraño y vuelvo a odiarte despacio,
para así tal vez, no dejar de amarte nunca,
nunca jamás, en esta vida.
Esta inútil vida,
que nos dio todo lo que yo quería,
todo lo que quería para los dos,
que nos dio todo lo que yo quería,
todo lo que quería para los dos,
pero no nos enseñó a cuidarlo.
Nos puso ante el mundo de la mano y no nos advirtió qué tan cruel podía ser el mundo con nosotros si caminábamos juntos. Nos concedió el privilegio de amarnos y no nos dio las instrucciones del amor que nos teníamos. Porque nos quisimos como si nada podría rompernos, como si lo nuestro fuera más fuerte que el resto,
que tu locura o que la mía, por seguirte en cada paso.
Y por eso nos mataría...
Por no haber evitado el daño sabiendo que podíamos salir heridos de ante mano. Sabiendo que ni locos ni cuerdos nos entenderíamos y que los desentendidos sólo nos llevaban hacia un único lado, al más triste y más violento de los lados.
La mentira de odiarnos tanto, incluso, viéndonos a los ojos...
Si a mis blancos siempre negros y a mis negros siempre blancos,
dos más dos nunca nos podía dar cuatro.
Nos mataría cualquier día para llevarnos a un lugar donde no nos conozcamos nunca,
donde podamos tocarnos sin quemarnos y vivir sin estar muertos.
Donde se termine por fin todo lo nuestro.
Y no sean tus abrazos los únicos capaces,
de ponerle fin a mis heridas.
de ponerle fin a mis heridas.
Para así dejar por fin de quererte para siempre y no seas más el amor de mi vida.
Donde no haya nada que tenga que ver con nosotros.
Y no sean tus manos las que me curen los costados,
ni tu beso en la frente el que me de la vida.
Nos mataría porque después de todo,
es lo único que podríamos hacer juntos en esta vida.
Y si al cielo no se llega de a dos que se me paren los pulsos...
Que sin vos no aguanto otro invierno,
que nos duela la caída,
que de acá nos vamos juntos,
hoy me hundo con vos hasta el infierno.
