Supongo que hay cosas que en el transcurso de la vida tienen que pasarnos -esas que son parte de un todo al que sin querer todos pertenecemos-, momentos que deben sucedernos, personas con las que debemos cruzarnos y corazones que, con o sin intención, tenemos que romper. Para que todo eso pase alternándose, el tiempo debe tener todo fríamente calculado, de lo cual no doy fe, porque sigo desconfiando del mismo -aunque no más que de la suerte- y por lo mismo, tengo miedo de tenerte de nuevo (porque así podría volver a perderte pero no volverme a perdonar por hacerlo) y sería muy difícil combatir lo que me queda de vida sin saberme perdonar. Porque uno se perdona para alivio interno, incluso perdona a los demás porque a través del resto aprende a perdonarse. Por eso me da igual que vos no me perdones, yo te perdoné todo y te quise el doble desde entonces. Ahora no tengo certezas de cuánto me queda de ese querer, pero si sé que empecé a sentir mucho más todo después de conocerte y de eso descubrí lo natural de haberte amado como te amé y de haberlo dejado de hacer, valga la redundancia, naturalmente. Aprendí a perdonar a cuestas de aceptar y entender que en ese transcurso de la vida, a veces, pasamos por cosas malas, nos suceden momentos tormentosos, cruzamos personas que no nos merecen para darnos cuenta de que no las necesitábamos -mucho después de haber creído que nos hacían falta- y rompemos más corazones de los que nos pueden romper. Y eso es lo bueno. Lo malo, es que vos me lo rompiste por vez primera y por eso no importa el tiempo que pase, siempre serás el primero en habérmelo hecho de esa manera. Y yo, que nací en tu piel para morir ahí mismo y comencé a despedirte antes de irme para que nunca te fueras, que mojé tus sábanas temblando del miedo de sentir tanto y desdibujé en tus ojos lo mismo que escribí en tu alma para que me quieras, que desafié al tiempo de tu mano para que él te perdonara y tomé un golpe de suerte para ver si funcionaba y ninguna de las dos cosas resultaron; yo, que ahora soy igual pero distinta, seré para vos siempre la misma...
La última y la primera, la próxima y la tercera y todas y cada una. Porque no importa en realidad cuánto tiempo haya pasado desde esa vez o cuánto nos quede de vida en este instante; los sentimientos no deben cambiar nunca si todavía puedo cerrar los ojos para verte y si de nuestra sinestesia no me sé mover. Y cómo no te voy a querer, cómo no reconocer que lo más importante que tenía para decir es que te quiero,
y que de vos nunca voy a poder volver, -ni aunque quiera-.
La última y la primera, la próxima y la tercera y todas y cada una. Porque no importa en realidad cuánto tiempo haya pasado desde esa vez o cuánto nos quede de vida en este instante; los sentimientos no deben cambiar nunca si todavía puedo cerrar los ojos para verte y si de nuestra sinestesia no me sé mover. Y cómo no te voy a querer, cómo no reconocer que lo más importante que tenía para decir es que te quiero,
y que de vos nunca voy a poder volver, -ni aunque quiera-.
