Mi vida cambio demasiado y yo no se lo había exigido nunca. Llegué a lugares que no hubiese viajado y me quedé atascada en sitios a los que hoy detesto. Ya no lloro, ni siquiera lo hago cuando pienso en todo lo que todavía tengo por llorar. Ya no repito los mismos errores, hay cosas que sé que no van y no las hago, no se puede volver a intentar lo ya intentado. Ya nada me causa el mismo efecto, ni siquiera él. Ya no duele su olor en mi cuarto, ni el sonido de sus latidos en mi cuerpo. Estoy atravesando esa etapa lenta y sacrificada que nos lleva del olvido al no me acuerdo.
Fue un placer haberme equivocado a su lado, porque es lo que me obliga a no volver. También ser todos sus errores y todavía estar entre ellos, porque no queremos a nuestros errores, los amamos. Pero a veces, también tenemos que dejar escapar a esos espacios que nos hacen sentir bien, porque nada dura lo que debería, y todo de lo que abusas, te lastima. Ahora tengo colección de besos míos y sonrisas infinitas para enviarle cuando quiera. ¿Qué tan difícil de entender es que lo necesitaba?
Ojalá escribiera de mi con mayor frecuencia, y no tanto de mi pasado.
Ojalá olvidara tan rápido como escribo.
