28/11/14

Después de vos

Las cosas malas, malas en serio, le pasan a gente mala, mala en serio.
El resto son meramente justificables, las cosas que duelen se dividen entre las que lastiman y las que enseñan. Pero las heridas que te hacen fuerte y los dolores que te hacen grande, son eso que llega cuando te hace falta y está diseñado para personas que de alguna forma se lo merecen. Que necesitan ver lo malo que puede ser en realidad lo malo, para acordarse de dónde vienen. Que tienen el alma limpia y el corazón bueno, pero que a veces, se dejan ensuciar por los errores para aprender a ser mejores precozmente. Las cosas malas que le pasan a uno cuando nada malo hizo, son las que enseñan. Y las cosas malas que le pasan a la gente que hizo el mal siempre, son las que lastiman; las que cobran los daños, dejan heridas que avergüenzan y hunden en la peor de las soledades y miseria. Esas son las cosas malas en serio. Y el mundo es tan chico, que es inevitable no rodearse de ese tipo de gente que hace el mal naturalmente y sin motivos, y que está siempre mirando más al otro que a uno mismo. Hay que aprender a reconocerla y saber alejarse a tiempo. A tiempo para no contaminarse lo suficiente como para terminar siendo uno más de ellos. Uno más de los que no saben apreciar la felicidad ajena y de los que como no soportan su infelicidad, rompen mucho las pelotas.

Algún día te diré la verdad sobre estos días.
Te contaré que todas estas cosas las pensé después de vos, que quizá sin darte cuenta me hiciste razonar entre destrozos que no todo está tan mal como parece. Que de esas cosas malas aprendí y de esos dolores incomprensibles me queda lo bueno. Que algo me enseñaron y es a alejarme; a alejarme a tiempo y a saber encontrarte. A reconocerte y a hacer que te quedes. Algún día, te diré que fuiste vos el que hizo de mi alguien más centrada, que me ayudaste a recoger los pedazos de mi alma. Que en estos días no pensé en nada más que en tus besos. Que todas estas cosas que ahora pienso eran oscuras y vos las aclaraste. Que no sé cuánto hacía que unos brazos no me abrazaban como los tuyos. Te diré que no me bajes la mirada si te miro para amarte, que yo veía todo roto en todas partes y fuiste vos el que me armaste. Que me hiciste entender para qué tanto dolor era necesario; que todo eso me llevaba a vos y que vos le das sentido a todo. Que a veces uno necesita replantearse de dónde viene y a dónde va, y que si no consigue saberlo no importa. Te diré que empecé a darme más respuestas y hacerme menos preguntas tontas desde que llegaste. Que todo esta vivo después de vos...
Que aprendí a tomar distancia de la gente mala en serio y que recién ahora la conozco.