18/11/14

Salando las heridas

Estoy queriendo inventar frases que no me aturdan y me hablen en futuro. Que me dejen de hundir en situaciones que no asumo. Pero nada tiene sentido si no vuelvo a sentirlo. Y no sé de qué escribir si no tengo un principio; no quiero perdonar mi pasado ni que el fin sea tu olvido. Y no hay nada más parecido al cielo que verte sonriendo. Nunca salí a buscar ayuda cuando realmente quise morir, pero si me muero no quiero que mis cenizas hablen de vos. Que mi alma no se duerma en tus manos y que lo que quede de mi se esparza en tu suelo. Que me pises, la muerte y la vida, y me abras las heridas para hacerme entender que al fin estoy lejos, y que todavía hay algo para mí después de todo. Y si sigo con vida, después de haberme muerto tantas veces, alquílame tus clavículas para poder vivir en algún sitio; que no quiero quedarme pero tampoco me quiero ir. Dejame explicarte de la libertad de abrazarte y no quererte soltar. De todo eso del dolor que escribo en todas partes y de las cosas tristes que dibujo por dibujar. De como cuando -si tu, yo- dejó de ser, y entonces ya nada fue igual. Y que tal vez por eso no necesito morir sino salar, sentir que todo tuvo sentido sólo cuando dejó por fin de ser. Horrorizarme de tantas cicatrices pero amar a cada una, dejar de preguntarme tantas veces -qué es el amor- y empezar a sentir que ahí: cuando todo empieza a doler de nuevo como si el tiempo no hubiese pasado nunca, es porque te estoy amando tanto como la primera vez que te vi sonreír por mi culpa...