14/7/13

Ángel o Demonio

"Me había vuelto loco por esa mujer. No podía dejar de desearla cada vez que la tenía en frente, la primera vez que la miré a los ojos, supe que eran los mismos ojos de la mujer de mis repetidos sueños y eternas pesadillas. No podía aniquilar el recuerdo profundo que me traía su sonrisa. ¿Cómo hacía para evitarla? Maduré el día que sentí su piel rozando la mía. Siempre he corrido en sentido contrario al resto del mundo, pero ésta vez, el universo entero me demostraba que ella, era la mujer de mi vida. Tenía una risa tan peculiar, que un escalofrío me recorría la espalda cada vez que la oía. Podría haber realizado el resto de mi vida a su lado, podría haber muerto en sus gemidos toscos y ordinarios. Podría haberme quedado para siempre en sus abrazos, sus manos, la intensidad de sus labios y la suavidad de sus dedos. Me causaba una ansiedad irreprimible estar a solas con ella, pero una especie de burbuja me envolvía bruscamente y mis sueños y realidades se encapsulaban de una forma tan extraña, que no me dejaban moverme de su lado. Quería besarla, abrazarla y decirle cuánto la amaba cada vez que la veía. Quería hacerle el amor con caricias en la espalda. Era perfecta. Me había enfermado de tanto desearla, estaba encaprichado con su cuerpo, sus curvas, sus extremos y sus penumbras. Escucharla hablar me hizo mirar la vida desde otra perspectiva, me entregué a mis fantasías y empecé a anestesiar lentamente las ausencias gastadas de mi vida, recuperando mi sexo, mi cuerpo, mi dignidad y mi cordura. Podía causarme todo eso en sólo un minuto de su vida conmigo. Me enamoré inexorablemente de esa mujer. Nunca supe si fue mi ángel o mi demonio, pero la amé como nunca antes había amado y como nunca después pude hacerlo. La tuve, fue mía ¿Por qué la solté? Es la pregunta que me inunda el insomnio de cada noche cuando intento dormirme y reaparece ella, hermosa, atractiva y provocadora. Es lo que me reclamo cada mañana cuando me despierto y ya no la tengo a mi lado. Hoy anhelo su forma precisa de explicarme las cosas. Sigue su presencia en cada cigarrillo que apago para pensarla un rato. En cada vaso de vino que bebo, en cada mentira piadosa que digo. Siempre supe que amarla era complejo, también supe que era una elección mía, pero lo que no sabía, es que aunque quisiera, jamás iba a poder dejar de hacerlo. Frágil, perdí la jugada. Volví a mi rutina, soy el mismo de siempre.
Comprendí que nunca, nadie, podría apenarse tanto en este mundo como yo, cuando supe que era capaz de amar a esa mujer pero no tenía las fuerzas necesarias para hacer que ella también me ame."