Tengo una guerra en la mente. Tal vez quise demasiado, tal vez ni siquiera lo hice. Fue todo apasionado pero triste. No sé cuánto amé, pero se que no volveré a hacerlo nunca igual. No estoy a gusto ni tampoco conforme, pero si podría regresar el tiempo atrás, todavía no sé si volvería por él o si elegiría nunca haberlo conocido. Hoy no recuerdo ni su nombre, ni el aroma del pulover que todavía me ahonda el alma del placer, que alguna vez le supe causar. Ya no sé cuál era exactamente el color de sus ojos, ni la intención de su mirada sobre mi cuerpo. Nadie sabe qué me pasó en realidad, a veces ni yo misma lo sé. Solamente guardo su sonrisa dormida en un recuerdo que se pierde entre el antes y el después, que dejaba cada abrazo suyo y que tenia todo lo que merezco pero nunca sabré tener. Tengo una ensalada sin condimentos entre el -te amaba- y el -siempre te amé, incluso cuando te odiaba-. Y estoy ordenada en mi desorden, no quiero nada, no quiero esto, no quiero dormir, no quiero comer. Mi mente esta en plena revolución por momentos, y mi alma sufre la pos-guerra de mis errores y los provechos que de ellos saqué. No eramos distintos, no eramos iguales, lo nuestro no era convencional. Pero por fin supe, quién era tristeza cuando yo lloraba, alegría cuando me reía. Mi abismo para caer tranquila, mis fuerzas para no rendirme,
y mi odio, cuando lo dejé.
Marilyn Monroe
