Tengo la vida cansada. El tiempo no cura nada, y hay heridas que no se cierran más. Vuelven a doler cada vez que alguien las toca. Y vuelven a sangrar cada vez que las intento curar. Empecé a escribir veintiocho novelas y no terminé ninguna, me leí mas libros en este tiempo de todos los que había leído en mi vida, hice mil bocetos más de los dibujos que hubiera dejado en tu pared. Colgué fotos de las puertas de mi placar y me compre ropa. Ahora bailo, toco la guitarra y si queres me pongo a cantar. El tiempo se me paso volando y sin embargo, jamás lo pude cruzar. Tengo la vida cansada. A veces, me levanto con más ganas de abrazarte que de respirar. Me tatué la espalda, los pies y las muñecas. Escucho música nueva porque la vieja no me deja olvidar. Me camuflo en cualquier red social, me camino cualquier avenida y salgo a correr una vez a la semana. Ya no sé que más inventar, porque el tiempo pasa y nada parece cambiar. Me aprendí de memoria el Capítulo 28 de Rayuela de Julio Cortázar y en cualquier momento aprendo a manejar. Recuperé energía, descargué bronca. Boxeo con la vida, con la pared y con los idiotas. Engordé ocho kilos en dos meses, gané con el quiero la guerra del puedo y la última vez que tuve la sensación de tu cuerpo en mi cama, fue cuando me desperté cansada de llorar. Puse tijeras y vasos con agua debajo de mi cama para no soñar. Llené mi habitación de atrapa-sueños y grullas pero todo sigue igual. Estoy exhausta, tengo la vida cansada:
Mi alma no da más...
