30/8/13

“Siempre que hablo contigo acabo muriéndome mas”

Odio el fervor de tus recados que me inundan el buzón; odio que estén tan llenos de fogosidad como esperando no se qué cosa. Odio ponerme tan débil cuando los leo, tener tal compromiso o tal buen corazón y responderlos. Odio la lastima que llego a tenerte, la paz con la que te escribo, la mente abierta que me enerve y los "te extraño" rabiosos que llegue a creerte. Odio cada cosa que digas porque ahora nada de todo eso tiene valor. Odio ser la misma de siempre, responder con alma o pena pero responder; pensando en vos otra vez, poniéndome en ese lugar que también odio, y que hoy me causa tanto rechazo y rencor. Odio imaginarte anonadado, triste mal o despiadado y tenerte consuelo, darte mi señal creyendo que eso te da aire. Odio pensar en que respires, vivas o ames. Odio escribir todo esto y sentirlo tan adentro; odio mi compasión de amante, amiga y madre que me genera cualquier cosa que tenga que ver con vos. Odio querer olvidarte porque eso me obliga a recorrer mi memoria fría y es lo mismo que me hace recordarte cada vez más y peor. Odio relacionarte irónicamente con mis mayores alegrías y también odio acordarme de vos porque eso, me recuerda al golpe más grande de mi vida que me hizo ahogar en este dolor que también odio, como a vos.