Yo comprendí la soledad cuando estaba más rodeada de gente que nunca y no encontraba ni un solo par de brazos en el cual abalanzarme. Yo comprendí la distancia cuando necesite volver a casa, y estaba en casa. Yo comprendí la huida cuando se me hizo inevitable irme y más que partir, tuve que escaparme. Yo comprendí el perdón cuando cometí el mismo error veintiocho veces y necesite perdonarme. Yo comprendí el tacto cuando toque por primera vez sus manos y supe que nunca antes, había acariciado a alguien en toda mi vida. Yo comprendí la confianza cuando me la robaron los fieles que me asesinaban por la espalda. Yo comprendí el silencio cuando me aturdió una noche que me hice a mi misma mil reproches y tuve una pregunta que nunca, nadie podrá responderme. Yo comprendí la amistad cuando perdí de mis veinte amigos, veintidós. Yo comprendí el sueño cuando me topé con esta realidad, que es frívola y hace vomitar. Y permitame decirle, a usted que leyó esto sin querer, que si todavía no ha tenido que curarse un par de veces de si mismo,
aún no ha comprendido el dolor...
