12/1/14

Cuando me pongo a contar no sé qué son más, si las veces que juré no volver a verte o las que prometiste no volverme a lastimar. Nunca sabré en realidad, si tu amor era puro pero ingenuo, o si usaba algún disfraz. Si mi risa te dio flores y no sabías fumar o si mi risa te dio balas, que te hicieron disparar. Si algún día lograré olvidarte o si es eterno este sentimiento infernal, que te tengo y que ya no aguanto más...
Cuando me pongo a sumar, no sé cuál resultado me sabe más real: si la cantidad de veces que hicimos el amor hasta llorar o la cantidad de veces que te pedí por favor -para-, no sé en realidad qué es más, si el cariño incontable que llegué a tenerte o el dolor insoportable que me causaste de repente. Si las noches de pura estrategia que jugabas a ganarme y caía rendida o si lo días insufribles que mis ojos sangraban verdades y el alma se me hacía trizas. Y no sé qué descartar: las malas pases, los engaños, las mentiras, las heridas, la sangre fría, el veneno, los hechizos, las tardes grises o las  dos mil ochocientas veintiocho caricias. No sé si mejor quedarme con todo eso para restar cada sonrisa, cada mirada que hipnotiza, cada centímetro de mi piel que te pertenece y cada espacio de mi mente que aniquilas; cada parte de mi cuerpo que se vence y cada vez que me dijiste -sos mía-; no quiero verte más. No quiero verte. Ni siquiera en esas fotos que no paro de encontrar, ni en el perfume que ahonda en mi placard y sabe a nosotros, ni en la bufanda que jamás volveré a usar, ni en cada escrito, cada dulce, cada escombro. Cada abrazo que me diste y llevo escrachado acá en los hombros...