Directa o indirectamente, los ojos que miran siempre buscan.
Quizá sea sólo un rato para entretenerse o por un par de ojos que se dejen.
Me gusta pensar que los que buscan, son los amantes.
Absortos del cariño que no encuentran por ninguna parte. Sus ojos...
Al menos sé que yo no buscaba a nadie, nadie que no sepa quererme.
Nadie que no quiera cuidarme, nadie que no tenga algo mejor que hacer,
que hacerme cosquillas.
Besarme la frente, desatarme la risa y buscar ingredientes.
Preparar una receta digna de muerte: sexo y risa. Su labios...
Me encontró una noche que yo sólo veía al final de todo: el día cayendo precozmente.
Dos jóvenes compartiendo un helado de vainilla,
un grupo de chicos fumándose un porro,
dos niños peleando en una ventanilla y. Y ya había suficiente.
Quería un abrazo, a tal hora uno se sincera o se miente. Sus brazos...
-Usted invita. Yo solamente le sigo la corriente.-
Evité preguntas y respuestas.
Sacudí el alma y escribí en la mesa: secuéstreme esta noche,
pida mañana por rescate un libro de Cortázar y cien mil rock and rolles.
Máteme antes de darse por muerto, entréguese y jure a la gente,
que me ha querido como jamás pensó que iba a quererme. Sus dedos...
-La próxima vez que salga a buscar un par de ojos por favor,
que no vuelvan a ser los míos los que encuentre.-
Lo traté de usted por pura cortesía. Me enamoré esa misma noche...
que no vuelvan a ser los míos los que encuentre.-
Lo traté de usted por pura cortesía. Me enamoré esa misma noche...